PROGRAMA DE LABORATORIOS CIUDADANOS PARA EXPERIMENTAR,
EXPLORAR Y CREAR COMUNIDAD EN EL SALVADOR

#EXPERIMENTACIUDAD

Nuestra Ciudad Perdida: El funeral de Monseñor Romero

Nuestra Ciudad Perdida: El funeral de Monseñor Romero es un recorrido transmedia por la plaza Barrios, en el cual las personas podrán escuchar historias de quienes estuvieron en la Plaza Barrios de San Salvador el 30 de marzo de 1980 durante el funeral de Monseñor Óscar Arnulfo Romero. Además, las personas podrán interactuar con el espacio público haciendo una ofrenda digital a través de una experiencia en Realidad Aumentada.

El objetivo principal para llevar a cabo esta acción es que los habitantes y visitantes del Centro Histórico de San Salvador conozcan la historia que guarda respecto al 30 de marzo de 1980.

Nuestra Ciudad Perdida también busca generar reflexiones y diálogos respecto a los sucesos del pasado y el presente del país, a través de las historias de los ciudadanos que presenciaron los crímenes de la guerra.

El centro histórico es un símbolo del país: de su historia reciente; de décadas de desinterés en el patrimonio cultural y la memoria histórica; y de las desigualdades que caracterizan la vida en El Salvador. Además, en un mundo que cada vez más se vuelca a lo digital, creemos que es importante dirigir la mirada hacia los espacios públicos, lugares que llevan las marcas de nuestro pasado y nos recuerdan cómo este afecta nuestro presente. Es ahí donde nos encontramos con personas fuera de nuestros círculos y otras realidades. Con este proyecto invitamos a la audiencia a tener una serie de encuentros con el centro histórico y las memorias que este guarda.

En Nuestra Ciudad Perdida: El funeral de Monseñor Romero participaron como colaboradoras: Jimena Aguilar (periodista, editora y directora creativa), Marcela Trejo (periodista), Natalia Franco (ilustradora), Kellys Portillo (fotoperiodista) y Marcela Benítez (periodista Gato Encerrado).

Sofía Rivera

Arquitecta salvadoreña, graduada de la UCA de El Salvador. Magíster en Neuropsicología y Educación por parte de la Universidad de la Rioja (España) y Magíster en Arquitectura de la Universidad de Chile. Actualmente es catedrática en el Departamento de Organización del Espacio (DOE/UCA) en las áreas de diseño e historia, investigadora en el proyecto Un día/Una Arquitecta (Córdoba, Argentina) y miembro representante de la UCA en el Foro Permanente Para el Desarrollo Integral del Centro Histórico de San Salvador (FPDICHSS).

Ha publicado las tesis de investigación: “Relación entre la creatividad y las inteligencias múltiples en el rendimiento académico en estudiantes de primer año de la carrera de arquitectura” y “La rebeldía de permanecer: Un estudio del apego al espacio urbano en el caso de las cooperativas de vivienda del Centro Histórico de San Salvador”. Ha sido ponente en congresos y seminarios con temas como la historia de la arquitectura moderna y de la vivienda en El Salvador, la creatividad en el desarrollo de proyectos de diseño y el cooperativismo de vivienda como una práctica de resistencia en la lucha por el derecho a la ciudad.

Ha sido directora de trabajos de graduación que han abordado el tema del análisis de la vivienda social producida por el Estado y el análisis del rol de las mujeres en la historia de la arquitectura salvadoreña. Actualmente es becaria del Politécnico de Torino (Italia) para estudiar el Doctorado en Desarrollo Urbano y regional.

Laboratorio Experimenta

Conoce el nuevo espacio de Experimenta Ciudad en el Centro Histórico. Un sitio de trabajo colaborativo en donde los ciudadanos de San Salvador crearán, aprenderán y experimentarán.

¡El corazón de San Salvador tiene un nuevo vecino! Nos encontramos ubicados en el cuarto nivel del edificio Morazán y queremos que conozcas lo que estamos preparando. El sábado 15 a partir de las 4:00 p.m. abrimos las puertas a los colaboradores y ciudadanos que quieran darle vida al corazón del gran Salvador.

El laboratorio Experimenta es el lugar en el que desarrollaremos, con su ayuda, el Eco-food center, Va a querer, Barrios vivos: museo al cielo e Historias de nuestra ciudad pérdida: el Funeral de Monseñor Romero; las cuatro propuestas seleccionadas. Acá fomentaremos el trabajo en equipo, la producción cultural y creatividad.

Los habitantes son quiénes dan vida al Centro Histórico y quién mejor que ellos para trabajar por un mejor San Salvador. Cada propuesta está pensada y diseñada para que todos trabajen en pro de la comunidad, creando alternativas a las diversas problemáticas a las que se enfrentan los niños y niñas, vendedores, vecinos y visitantes que trabajan o transitan sobre cada plaza o calle.

**Recuerda, es importante tener en cuenta que los proyectos se trabajarán en el Espacio Experimenta durante cinco sábados: 22 y 29 de mayo, 5,12 y 19 de junio en horario de 11:00 a.m. a 1:00 p.m.

Convocatoria de colaboradores

Experimenta Ciudad ha seleccionado cuatro proyectos y para ponerlos en marcha necesitamos de tú ayuda. ¿Te gustaría colaborar con alguno de ellos? Conócelos y apúntate para ayudar a que se haga realidad. Abrimos la Convocatoria de colaboradores dirigida a todas aquellas aquellas personas que quieran generar un cambio positivo para quienes habitan y visitan el Centro Histórico.

Si deseas experimentar, aprender, recuperar y crear un espacio sostenible e inclusivo inscríbete antes del 22 de mayo. Conoce más de cada uno de los proyectos más abajo.

¿Quién es el colaborador o colaboradora?

Es la figura fundamental en el planteamiento y desarrollo de los talleres que conciben como espacios de trabajo colaborativo e intercambio de conocimientos y saberes.

Los colaboradores aportan sus conocimientos e ideas, al mismo tiempo que aprenden del resto del grupo y de los mentores del taller. Un colaborador puede formar parte del equipo de desarrollo de una de las propuestas seleccionadas

El lugar de trabajo será el Espacio Experimenta, situado en la conocida Plaza Morazán del Centro Histórico de San Salvador, en el edificio llamado Morazán. Este espacio estará disponible para que los grupos desarrollen sus proyectos desde el sábado 22 de mayo al 19 de junio.

Es importante tener en cuenta que los proyectos se trabajarán en el Espacio Experimenta durante cinco sábados: 22 y 29 de mayo, 5,12 y 19 de junio en horario de 11:00 a.m. a 1:00 p.m.

Hemos abierto la convocatoria para todas aquellas personas que quieran participar en alguno de los grupos de trabajo y aprendizaje que desarrollarán los 4 proyectos seleccionados.

Conoce los proyectos

-Va a querer: Proceso artístico, visual y corporal destinado a todas las mujeres vendedoras de la Plaza Barrios. Las áreas artísticas que se pondrán a disposición de las mujeres que recorren la plaza son: fotografía, pintura y danza.

-Eco – food center: Un food center libre de costos energéticos de producción. Dinamizar la economía local y cuidar el medio ambiente a través de las nuevas tecnologías.

-Historias de nuestra ciudad perdida: el funeral de Monseñor Romero: El centro histórico tiene su propia voz y memoria. Y, para conocerla, este proyecto propone un recorrido interactivo con la ayuda de elementos como el audio y realidad aumentada.

-Barrios Vivos: museo al cielo:

Este proyecto busca cambiar la percepción de la decadencia urbana acelerada de los barrios históricos en el Centro Histórico de San Salvador. El arte callejero para unir a la gente y empezar a trabajar para hacer frente a los nuevos retos de cambio y renovación de la ciudad y sus barrios.

Queremos realizar murales participativos con materiales reciclados en edificaciones clave para fortalecer la identidad en cada uno de los barrios tradicionales del Centro Histórico.

¿Te emociona alguno de los proyectos seleccionados?

¡Anímate y colabora!

Inscríbete

Resultados de la convocatoria de Proyectos Ciudadanos

Desde Experimenta Ciudad ya tenemos las cuatro propuestas seleccionadas para formar parte del Laboratorio Ciudadano que tendremos durante los meses de mayo y junio.

El Laboratorio Ciudadano estará activo en el Espacio Experimenta del Centro Histórico durante todos los sábados desde el 22 de mayo al sábado 19 de junio. En total, 5 jornadas de trabajo en el que los ciudadanos estarán acompañados por mentores especializados, así como por los mediadores de Experimenta Ciudad. 

Proyectos seleccionados

Va a querer

Proceso artístico visual y corporal destinado a mujeres vendedoras de la Plaza Gerardo Barrios. El proyecto tiene un enfoque lúdico y un componente de Memoria Histórica con el fin de sensibilizar, reflexionar, promover y facilitar las experiencias tanto artísticas como socioculturales a mujeres vendedoras del sector informal. Las áreas artísticas que se abordarán son: fotografía, pintura y danza, bajo un mismo hilo conductor, la fotografía histórica que permitirá indagar en la memoria local.

Eco-food center

Este proyecto trata de basarse en el ingenio y las nuevas tecnologías para implementar métodos que ayuden a disminuir la contaminación en las calles del Centro Histórico con el diseño de restaurantes ecológicos con energía a través de hidrógeno, eco-basureros y eco-bebederos. 

Historias de nuestra ciudad perdida: el funeral de Monseñor Romero

Recorridos interactivos por la plaza Barrios en formato de audio y con elementos de realidad aumentada en el cual las personas podrán escuchar historias de aquellos que estuvieron en la Plaza Barrios de San Salvador el 30 de marzo de 1980 durante el funeral de Monseñor Óscar Arnulfo Romero e interactuar con el espacio público dejando una ofrenda digital de forma geolocalizada.

Barrios vivos: museo a cielo abierto

Este proyecto busca cambiar la percepción de la decadencia urbana acelerada de los barrios históricos en el Centro Histórico de San Salvador. El arte callejero para unir a la gente y empezar a trabajar para hacer frente a los nuevos retos de cambio y renovación de la ciudad y sus barrios.

Queremos realizar murales participativos con materiales reciclados en edificaciones clave para fortalecer la identidad en cada uno de los barrios tradicionales del Centro Histórico.

OTRA MANERA DE SENTIR LA CIUDAD

Queremos cerrar la convocatoria de proyectos ciudadanos de Experimenta Ciudad con una actividad muy especial que nos haga acercarnos al territorio del Centro Histórico desde distintos sentidos. 

¿Recuerdas la última vez que estuviste en el Centro Histórico de San Salvador?, puede que a lo mejor fue un momento, todo el día o solo de paso. ¿Prestaste atención a detalles pequeños cuando estuviste ahí?

A lo mejor has tenido una buena idea para hacer del centro histórico un lugar más ameno para todas las personas que lo transitan o venden ahí. ¡Con Experimenta Ciudad tienes la oportunidad de volver y vivir una experiencia distinta en el centro histórico!

Te  invitamos a “Otra manera de sentir la ciudad”, una experiencia sensitiva donde verás, escucharás, sentirás cosas que antes no habías percibido. 

Desde las 4pm en La Plaza Libertad hasta las 6pm organizaremos 4 marchas por el Centro Histórico, cada una dedicada a sentir el territorio desde un sentido. 

  • Marcha sonora: recorrido donde los sonidos son protagonistas
  • Marcha a ciegas: ¿cómo es visitar el Centro Histórico sin poder ver?
  • Marcha arquitectónica: ponemos el foco en las infraestructuras del territorio
  • Marcha de historias: cada esquina tiene su historia, y cada historia sus protagonistas

Convocatoria Proyectos Ciudadanos

El plazo de inscripción se extiende hasta el 20 de abril.

Experimenta Ciudad es un laboratorio ciudadano temporal: un lugar de encuentro, experimentación y aprendizaje donde las personas proponen y colaboran en el desarrollo de proyectos para mejorar la vida en común de la ciudadanía. En esta primera edición, el trabajo se focaliza en el territorio del Centro Histórico de San Salvador, especialmente en las áreas cercanas a las plazas Libertad, Gerardo Barrios y Morazán.

Creemos que la cooperación y colaboración,  en un espacio de convivencia, mejora el bienestar cotidiano de la comunidad. Por ello, buscamos ideas que tengan como objetivo el cumplimiento de alguno de los ODS, que tengan un carácter ecológico, de uso libre y accesible.

Si tienes en mente proyectos con enfoque artístico, tecnológico, poético, lúdico, educativo o social participa en la Convocatoria de Proyectos Ciudadanos de Experimenta Ciudad, abierta hasta el 20 de abril a la medianoche.

Para presentar tu proyecto es necesario que estructures tu idea explicando qué quieres hacer, con quién y para qué. El documento no debe exceder las 1.200 palabras y debe contener lo siguiente, título de la idea, motivación, agentes implicados, materiales necesarios y anexos (otra información). Una vez terminado el documento deberás enviarlo al correo ccesalvador@gmail.com y al enviar el correo en el apartado “Asunto” deberá escribirse: Convocatoria Experimenta.

El proceso de selección estará a cargo del equipo de Experimenta Ciudad, un coordinador, cuatro mediadoras, dos mentoras y un representante del CCESV. Todos tomarán en cuenta aspectos como claridad, originalidad y viabilidad técnica,  entre otros.

Los proyectos seleccionados se realizarán entre marzo y junio de 2021, de forma colaborativa y que se basen en el aprendizaje mutuo y que identifiquen, promocionen y generen redes de colaboración y conocimiento ciudadano en el entorno local.

Si deseas conocer más sobre Experimenta Ciudad puedes acceder a la página web del CCESV,  además, puedes ver aquí el documental sobre las ediciones anteriores en España. Para cualquier duda o para inscribirse de forma presencial habrá un punto de información en el CCE.

IMPORTANTE

Si tienes dudas o quieres hablar con el equipo de mediadoras de Experimenta Ciudad puedes conectarte a la sesión informativa del 12 de abril a las 6:00 p.m. que se transmitirá por facebook live.

Participa en esta reunión (se realizará vía zoom) inscribiéndote en el siguiente formulario. Sesión informativa.

Ana Elizabeth López

Egresada de la Licenciatura en Artes Plásticas en la Universidad de El Salvador. Con diversos talleres en cultura y arte contemporáneo: INTERSECCIONES, Repensar desde El Salvador las Relaciones entre Cultura y Desarrollo desarrollado por el Centro Cultural de España, 2018. Taller de procesos creativos con Sara Boulogne, 2019. Interrupciones: Ejercicios dialógicos entorno al arte con Dalia Chévez, 2019.  

Ha trabajado en la gestión de diversas exposiciones en la Sala de Exhibiciones “Camilo Minero” como Dibujo Académico (2019), Expo Paisajes (2019), Procesos de Forma y Color (2019) mostrando el trabajo de artistas como Ronald Morán, Antonio Cañas, César Menéndez, Boris Ciudad Real, entre otros. Además ha organizado la Segunda Semana de la Pintura “Ploop: Reventando la burbuja” junto con diversos conversatorios y talleres sobre abstracción, curaduría, políticas culturales.  

También Recientemente ha participado en la exposición de cerámica escultórica “Identidades Latinas” Máscaras Contemporáneas (2018) del Grupo TEA Escultura, formó parte de la subast anual SUMARTE en 2019, mostró su trabajo en el Estudio Abierto realizado en La Fabri-k. Ha participado en diversas exposiciones colectivas tales como “Memorandum” en Restaurante Balance, “Interpretación de la imagen” en Ex-CAPRES y su más reciente trabajo ha sido mostrado en exposiciones virtuales como “Reproducción automática” curada por Baby Solís y Juan Pablo Ramos y “Recontarnos 2020” por el colectivo La Revuelta.

Al final todos somos uno

Foto de Ricardo Flores - EDH

La interseccionalidad es esencialmente una praxis. No es una enunciación teórica.

Leila Benhadjoudja

Ciudad colonizada y colonizadora

Reconozco que los arquitectos e ingenieros por lo general creemos que somos los únicos quienes construimos y hacemos la ciudad. Solemos pensar que la ciudad solo es el espacio construido, lo físico, lo tangible, los edificios, las calles. Nos cuesta ver que la ciudad es un ecosistema, un organismo vivo, es nuestro hábitat, constituido por la infraestructura sí, pero también por las personas que la habitamos, nuestra historia, la manera de relacionarnos y organizarnos, nuestra forma de pensar, nuestra cultura; y también por la naturaleza que nos rodea, las condiciones geográficas y climáticas.

Aunque El Salvador oficialmente, dejó de ser colonia hace casi 200 años, la colonia persiste en nuestras mentes y en nuestra cultura. A pesar de que oficialmente, somos un país independiente, seguimos viendo hacia el norte con admiración, anhelar más lo norteamericano y lo europeo que lo propio, lo nuestro.

Creemos por ejemplo que existe un solo desarrollo que es lineal, que es modernidad, progreso, hacia adelante, frente al subdesarrollo (económico) que caracteriza las sociedades del sur global y del que hay que salir. Para lograr esto nos enfocamos en el crecimiento económico, en la mayor libertad y autonomía del individuo, la dominación de la naturaleza. Progreso, esto es carreteras de cuatro carriles, pasos a desnivel, edificios de vidrio, residenciales de lujo. Cada propuesta alternativa rápidamente es desechada como un retroceso, un paso para atrás.

Esta, en realidad, es una mentalidad bastante occidental y neocolonial. Al ser, nuestra ciudad, solo pensada desde y para algunos pocos, esta ciudad colonizada, a la vez, se vuelve colonizadora, porque marginaliza, discrimina y excluye a la gran mayoría de sus habitantes.

¿Por qué la mayoría no nos preguntamos qué ciudad nos conviene a todos? ¿Qué ciudad corresponde a nuestras necesidades y aspiraciones, a nuestra forma de vivir, a nuestra historia y cultura? ¿Qué ciudad realmente queremos para nosotros, para nuestros seres queridos?

La buena noticia es que ya hay grupos y corrientes de pensamiento que se están haciendo estas preguntas. Desde el feminismo, por ejemplo, el Colectivo Miradas Críticas del Territorio habla de la importancia de las plurivisiones del mundo y su vida. El reto de coexistencia es grande y hay que dar respuestas a esto desde la diversidad.  Cuestionando la famosa metáfora del pastel que como sociedad nos toca repartir entre todos, la antropóloga argentina Rita Segato argumenta que, quizás, no todos quieren comer de ese mismo pastel de los recursos para su desarrollo. Más que dividir ese pastel en partes iguales, deberíamos tratar de entender que otros no ven de la misma manera ese pastel, reconocer que existen otros que buscan otra forma de vida o, incluso, tengan objetivos que poco o nada tengan que ver con el usufructo de los recursos de su medio.

Quiero compartir aquí algunos pensamientos y experiencias propias sobre esas intersecciones que existen, pero a veces nos parecen ocultas, entre el hábitat, la ciudad construida, el medio ambiente y la cultura y preguntar cómo sería una ciudad inclusiva y sostenible.

Espacio público y espacio privado en disputa

En El Salvador estamos acostumbrados a subordinarnos al carro, a tolerar el tráfico vehicular aplastante, el aire negro y contaminado, la ciudad manejada, colonizada y violentada por ese vehículo automotor. Pensemos en quién posee realmente la mayor área en estos espacios públicos. Al parecer el espacio público urbano: las calles, las aceras y hasta las pequeñas áreas verdes que quedan, está usurpado, en gran medida, por lo privado, por esas cápsulas cerradas sobre cuatro ruedas que representan un espacio privado, y mientras más lujoso, más imponente, entre más grande y matón, parece que tiene más derecho sobre el otro.

Pienso en experiencias con familiares cercanos, vecinos y amigos colocando macetas y barriles en el espacio público frente a su casa, reservando un pedazo de acera, arriate o calle para colocar su auto privado. Y luego están a quienes les interesa privatizar un espacio público para su propio lucro, empezando por poner un negocio, ya sea formal o informal, en una acera, hasta llegar a los grandes empresarios que ubican sus plantas de producción en áreas de recarga acuífera, con lo que se apropian del agua potable de buena parte de las comunidades aledañas.

            Ante esto, cabe preguntar: ¿qué valores defendemos en nuestro hábitat? Parece que aquí están en disputa dos polos opuestos, dos maneras de ver el mundo y de vivir en él. Una es el valor de lo público, la vida comunitaria, la solidaridad, el abrirse al otro y al mundo. Y la otra es el valor de lo privado, el individuo, bienestar personal, la acumulación, un sentimiento de seguridad, el anonimato. No es difícil darse cuenta de que, hoy por hoy, en El Salvador, en todo sentido (uso de espacio, transporte, educación, salud, etc.), lo privado es más preciado que lo público, a pesar de que es lo público, lo propiamente social e interactivo, lo que sostiene la sociedad en su conjunto. De esto nos hablan también los muros, portones, y alambres de púas entre cada vez más casas, pasajes, colonias, en fin, entre personas. Si bien estas son divisiones físicas, construidas, se traducen también en divisiones culturales e internas, en el espíritu.

En lo personal, esto me interpela y me pregunto: Según mi modo de vivir y de moverme en la ciudad, ¿a quiénes incluyo y a quiénes excluyo y por qué? En escala de ciudad nos tenemos que preguntar: ¿a qué grupos sociales estamos incluyendo y a cuáles excluimos y con qué derecho hacemos esto? Incluso, si queremos seguir hablando en términos de desarrollo, progreso y civilización, ¿qué nos parece más avanzado, más sofisticado: la inclusión social, la participación democrática y el cumplimiento de los derechos humanos o la ley del más fuerte?… Pienso en los niños, las niñas, los ancianos sin pensión, las personas con discapacidad que no se pueden mover solas, las mujeres y hombres transexuales sin poder conseguir trabajo por cómo se proyectan… ¿realmente puedo vivir bien cuando a todos ellos los excluye la ley del más vergón?

Me pregunto todo esto y sueño con que el espacio público llegue a ser una plataforma donde podamos desaprender y aprender otra forma de ser sociedad.

El clima, la cultura y la disposición del espacio

¿Puede el clima influenciar en la disposición de los espacios de un hábitat y en la cultura de quienes ahí viven? Recuerdo que, cuando estudiaba en Alemania, me sorprendía mucho la manera en cómo estaban construidas las casas y la manera de habitarlas de los alemanes. Las casas en el centro de Europa suelen ser herméticamente cerradas, impermeables para cualquier tipo de ruido del exterior y, más importante aún, para el frío que se vive durante gran parte del año en esas latitudes. En esa casa vive un niño con sus padres, quienes le han asignado su propia habitación, con su cama, su área de juegos, a veces, incluso su propio baño, todo, de igual manera, con puertas que se cierran para no permitir el ingreso del aire helado y la fuga del calor producido por la calefacción central. Ese niño, sin darse cuenta jamás, crece valorando la independencia y la privacidad de su espacio personal y eso, sorpresivamente, rodeado por un espacio público mucho más abierto e inclusivo comparado con el nuestro.

El Salvador, en cambio, es un país tropical con temperaturas encima de los veinte grados centígrados anual. Una casa típica está hecha por materiales más permeables y tiene aperturas que permiten la entrada de la luz del sol y la brisa necesaria para aliviar el calor. Más que las paredes, lo importante es un techo que proteja el interior de la lluvia y del fogoso sol. Con el calor y el aire entran también los ruidos de la ciudad, los sonidos de la jungla construida. Ventanas y puertas suelen estar abiertas, pues lo que interesa es la ventilación. Algo que también noté al regresar a El Salvador es que hay muchos más niños. Aquí es común crecer entre hermanos y primos, compartir un solo espacio, dormitorio, hasta cama, juguetes.

¿Qué nos dice esto sobre nuestra cultura, nuestra forma relacionarnos, nuestros valores? ¿Y qué nos dice sobre el tipo de ciudad que iría acorde con esto?

La ciudad y la religión

El sur de la Europa occidental, ese sur mediterráneo, parte del ex imperio romano, ha sido durante muchos siglos un territorio profundamente católico, caracterizado por una amplia gama de expresiones de religiosidad popular, de tradiciones y costumbres que se basan en la creencia en un Dios que ampara y gobierna providentemente sobre el curso de la historia. Encontramos en esa zona con frecuencia ciudades medievales, calles con tramas y circuitos orgánicos, formas naturales y anchos diferentes que, a través de sus trayectos, dan espacio para la imaginación, la supervivencia y esperanza de encontrar sustento, antes de planificar un futuro en orden.

A medida caminamos hacia el norte de Europa, llegamos a territorios cuyos habitantes hace cinco siglos se convirtieron al protestantismo. La cultura protestante se caracteriza por su sobriedad, el pensamiento liberal e ilustrado, la orientación hacia el individuo y la prosperidad económica. Encontramos ahí ciudades con trazas urbanas ortogonales, líneas rectas, ordenadas. Efectivamente, una mayor regulación y normas claras respecto al ordenamiento territorial se vuelven esenciales para hacer uso más eficiente del recurso suelo. Quieta, observo coherencia con la fe en un Dios que manda a ese pueblo a ser diligente y ordenado para prosperar en su futuro, y pienso en el otro Dios, en el del pueblo del sur que espera que sea su divinidad quién la proveerá.

¿El ser humano o la máquina?

Un modelo utilizado por Naciones Unidas para visualizar la jerarquía en una ciudad inclusiva es el triángulo invertido de la movilidad. En el ancho superior están ubicados los seres humanos, las personas de a pie, los peatones, los ancianos, las personas con discapacidad y los niños como los principales sujetos en las urbes. El triángulo desciende pasando de peatones a ciclistas, luego a individuos utilizando el transporte público, les sigue el transporte de carga y, finalmente, al fondo del triángulo, en la punta, se ubica un vehículo particular. El mensaje es claro. La movilidad y la organización del espacio público en una ciudad deben orientarse a las necesidades de los miembros más vulnerables de la sociedad que son, a la vez, los portadores más explícitos de los derechos humanos y ciudadanos. El tráfico vehicular, y en especial el carro particular, en cambio, debería ser el último en exigir privilegios y espacios para movilizarse.

No hace falta mayor análisis para afirmar que en el Área Metropolitana de San Salvador, lejos de cumplir con el modelo del triángulo invertido lo que se impone como jerarquía en la movilidad urbana es una pirámide. En la cima se ubica el automóvil, lo cual, además, claramente representa el privilegio de los hombres, quienes con más frecuencia se movilizan en carro, respecto a las mujeres, así como de los estratos socioeconómicos más altos respecto a los más pobres, pues mantener un carro requiere de recursos económicos. En la base del orden piramidal aparecen los peatones, con todas sus cualidades y limitantes: personas con discapacidad, niños, ancianos, mujeres embarazadas, personas dependientes. Esta priorización de sujetos usuarios de la ciudad se traduce en las formas físicas y construidas de la ciudad, concretamente, en calles anchas para los autos y limitado o inexistente espacio para los peatones, como aceras, parques de bolsillos, arriates o bancas son sombra de árbol.

Pensadores de la ciudad, como la activista neoyorkina Jane Jacobs o el danés Jan Gehl, nos aportan para reflexionar que una de las maneras más fáciles de medir la salud de una democracia en una sociedad es por el tamaño y la calidad de sus aceras. Al comparar el área que abarcan las aceras de la ciudad con el área de calles para automóviles nos podemos preguntar: ¿Quién tiene más derecho a la ciudad, el vehículo en su calle de tres carriles, o la mujer que lleva a sus niños a la escuela caminando por la cuneta de aguas lluvias a falta de una acera?

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Pirámide de movilidad. Naciones Unidas.

¿Qué hacemos?

Estoy convencida de que cada trinchera es importante para hacer un cambio, las pequeñas organizaciones de vecinos en las colonias y barrios, los movimientos sociales u organizaciones políticas que buscan incidir en la creación de políticas públicas. Sin embargo, nos enfrentamos cada vez más con políticos, como es el caso del actual presidente de los EE.UU., o actores sociales que se cierran ante la inclusión y la diversidad. En vez de promover el cumplimiento de los derechos al hábitat, buscan mantener el status quo con tal de perpetuar sus privilegios.

Entonces, ¿qué podemos hacer? Me gustaría cerrar con una idea de Simone Weil, una filósofa judía quien vivía en Francia poco antes de la Segunda Guerra Mundial. Ella fue una flamante crítica de la crisis por la cual pasaba Europa en los años veinte del siglo pasado y donde ya no importaba el ser humano, sino solamente producir. Ella se preguntaba: ¿Cómo humanizar a las personas que están cada vez más deshumanizadas dentro de su ciudad y territorio? Su respuesta fue muy sencilla. Se debía comenzar «poniendo atención», decía. Y agregó: atención como un niño pequeño que pone todos sus ojos en vos y está queriendo aprender. Atención a la otra persona, atención a nuestro alrededor, a los espacios en los que nos movemos y en la manera de cómo nos relacionamos con los demás. Ana Falú, una arquitecta, urbanista y feminista argentina nos llama, al igual que Simone Weil, a poner atención a los otros y tratar de quitarnos ese velo que nos dice: «Esta es la ciudad normal, la única y mejor ciudad posible». Cuando, en realidad, otra ciudad es posible.

No es ciudad para Rue del Percebe

El frutero tramposo, la portera chambrosa, el veterinario sui géneris, la tacaña dueña de la pensión, la anciana animalista, el pintor insolvente, la sufrida madre de dos traviesos… todos conviven en la calle número 13 del Percebe, y también, en el imaginario de miles de españoles que crecieron leyendo las divertidas viñetas del genial Francisco Ibáñez. El lector de este tebeo se erigía como un gran hermano orwelliano, con acceso a todas las intimidades que se sucedían en los 5 niveles que componían este rocambolesco edificio. Para bien o para mal, a lo largo de los años todos los personajes interactuaban y se conocían a la perfección. 

Soy vecino de San Salvador desde hace tres años, he vivido en tres edificios y salvo raras ocasiones, prácticamente no he tenido contacto con mis vecinos más allá de cordiales saludos de ascensor y/o escalera. En todos los casos, en lugar de recibirme una portera chismosa, me abrían el portón hombres enfundados en uniformes de seguridad con su revolver en la cintura. De la planta baja, donde podría ser engañado por un frutero locuaz, mejor ni hablamos porque no existen. En su lugar, muros de hormigón y portones, muchos portones donde solo entran vehículos. Con ese tipo de entrada, el chisme se evapora. Pobre portera. 

Sé que el vivir la vecindad es común para muchos salvadoreños, sobre todo en los pueblos, pero acá en San Salvador, y sobre todo para quienes residimos en condominios, está yuca. Me pongo a imaginar, y creo que no voy muy desencaminado si miles de vecinos de San Salvador solo se cruzan con sus vecinos en el ascensor. Seguramente se encuentren más veces sin saberlo, pero siempre metidos en sus vehículos con sus respectivos cristales opacados para que nadie les vea. Con este panorama, a Francisco Ibáñez jamás se le habrían ocurrido las historietas de 13, Rue del Percebe. 

Y es que San Salvador está diseñada para separar a las personas. Desde las colonias que levantan de la noche a la mañana una verja en mitad de la calle, convirtiendo en acceso privado lo que antes era una calle pública, a las urbanizaciones amuralladas o las casas fortificadas con alambres y hormigón, San Salvador es una ciudad en la que apenas te puedes encontrar con tus vecinos. 

Me paro a pensar en el vecindario donde crecí y me vienen a la cabeza la vecina del 4º sacando de paseo a su perrita por el parque más cercano, o Manolo, el frutero de la esquina que todas las semanas me regalaba a mí o a mis hermanos alguna fruta de temporada. También pienso en los alumnos del instituto frente a casa de mis padres, con quienes coincidía a la salida del colegio. 

Ahora trato de imaginar lo mismo pero en San Salvador y lo único que se me aparecen son imágenes del Centro Histórico. Y es lógico, porque aunque no conozca a nadie que viva allá, es la única parte de la ciudad donde suelo encontrarme con amigos y conocidos caminando por la calle, o yendo al mismo bar. Ninguno, ni mis amigos y/o conocidos ni yo, somos realmente vecinos del Centro Histórico, sin embargo, es en esta parte de la ciudad donde podemos coincidir en la calle. 

Es curioso, cuando no indignante, pensar que la única área pública de San Salvador pensada para pasear, con plazas y calles peatonales, sea el Centro Histórico. Pareciera que la modernidad o el progreso, como se quiera llamar, está en discordia con pasear por la calle, con espacios públicos amplios donde sentarse y encontrarse con amigos y/o familiares. Pero no es cierto, a todos, los de antes y los de ahora, nos gusta caminar y quedar con amigos en la ciudad. Lo que ocurre, es que ahora cuando en San Salvador hablamos de plaza, esta lleva siempre el apellido ‘comercial’. 

La función pública de generar espacios de encuentro entre los vecinos, lugares seguros donde descansar y disfrutar de la ciudad han sido relegados al sector privado. Si no, pensemos en los lugares donde en San Salvador se junta mayor número de personas para pasar el domingo, nos salen siempre los centros y plazas comerciales. Como alternativa, contamos con el mencionado Centro Histórico, el parque Bicentenario, y ahora, el recientemente reformado parque Cuscatlán. Pero no dejan de ser islotes en un mar de carros, hormigón recalentado y más carros sobre las maltrechas aceras. 

Es precisamente la reivindicación de los espacios públicos uno de los puntales del proyecto Experimenta Ciudad. Por ese motivo empezamos en el Centro Histórico como espacio de intervención, porque simboliza la riqueza que los espacios públicos pensados para la ciudadanía tienen para la sociedad. Con este proyecto se pretende generar espacios de confianza entre vecinos y vecinas donde el diálogo y la reflexión compartida den como resultado proyectos ideados en comunidad para la comunidad. 

Es momento de pensar como vecinos, de vernos las caras e imaginar una ciudad amigable en la que la portera pueda chambrear con el vecindario, donde los niños puedan jugar libremente en las plazas y calles, o donde tras un largo día de trabajo, cada quien tenga como opción agradable bajar a dar un paseo por su ciudad. Es momento de experimentar nuestra ciudad.